La paciencia en el poker

El tipo era tan ansioso que se murió joven para ir ganando tiempo. Sin dudas, este idiota no podía ni debía jugar al poker.

En esta actividad hay que ser muy paciente. Ya que la paciencia nos será útil en todas las situaciones.

Para el filósofo Immanuel Kant “la paciencia es amarga, pero sus frutos son dulces”.

El primer consejo que podemos ofrecer respecto del Texas Hold’em es: paciencia, paciencia y paciencia. Sí, tres “paciencias”:

1 La primera: paciencia para aprender

El juego es sencillo, pero llegar a conocerlo a un nivel que permita disfrutarlo, no perder mucho dinero o ganarlo, lleva tiempo y ejercitación. En realidad, el poker nunca se termina de aprender.

Debemos conocer las reglas y una variada cantidad de conceptos tácticos. Practicar y adquirir suficiente destreza. Y eso se logra con tiempo. En esta primera etapa, la paciencia es fundamental para formarse.

Se dice que “la experiencia es un peine que adquirimos cuando ya no tenemos pelo” pero también se obtiene con mucha dedicación.

Aprendamos de las equivocaciones. Alguien dijo que “en la vida, no existen los errores, sólo existen las lecciones. Todos aprenden de los propios, pero sólo los sabios lo hacen de los ajenos”.

2 La segunda: paciencia para subir de nivel

El apuro es mal consejero para elegir en qué nivel de apuestas jugar.

Si bien “la duración de un minuto depende del lado de la puerta del baño en que nos encontremos”, apresurarnos a entrar en mesas de mayor valor, motivados por la ansiedad de ganar más o de medirnos con contrincantes mejor preparados, lleva a sufrir pérdidas y decepciones.

Así como un atleta que intenta probarse en un nivel superior puede lesionarse, si elegimos mal, lastimaremos nuestro ánimo y nuestro bolsillo. Y, si no tenemos buenos resultados, y a mediano plazo no cambian, necesitaremos disciplina suficiente para retroceder y, nuevamente, paciencia.

Lo expuesto no es otra cosa que la necesidad de fijar y cumplir una buena política de manejo del bankroll.

No obstante, Brian Saslavchik, ex director de CardPlayer LA, se pregunta¿qué sucede cuando hay una situación rentable pero el riesgo es muy grande? ¿Cómo hacemos para aprovechar ese contexto sin arriesgar la banca?”

Y responde: “Hay algunas alternativas para engañar a la gestión sin ponernos en riesgo de bancarrota; la más conocida es lo que se llama dar un shot.

Un shot, o un tiro, es jugar un torneo o una mesa más alta de lo habitual, hacer una inversión que está fuera de bankroll.

Es un caso en el que se rompe una regla del buen management pero, si es una vez, no hay problema. Lo grave sería darlos permanentemente. Un shot es una excepción y una excepción no es la regla.

“Naturalmente, esta alternativa puede justificarse cuando encontramos una ocasión muy propicia y vale la pena el riesgo que, además, debe ser medido”.

Por ende, hay que identificar las oportunidades, tanto desde la perspectiva del manejo de los fondos, de la conveniencia del evento a participar y de nuestro estado anímico.

Y hasta podría afirmarse que, para los disciplinados, un shot es una acción positiva y recomendable, en tanto podría lograr beneficios incrementales importantes en los momentos apropiados. Es una buena alternativa de ganar fuerte, aunque pocas veces y sin asumir un riesgo de posibles consecuencias funestas.

Jared Vengrim dice: “No hay nada malo en hacer un shot ocasional, bien pensado pero, quiero destacar: debe estar bien pensado”.

3 La tercera: paciencia en el juego

En este momento es cuanta más paciencia debemos tener ¿Por qué?

La respuesta es predominantemente matemática: si en la mesa hay diez jugadores, la probabilidad de lograr la mejor mano es de 1/10 (10%).

Si aceptamos que es razonable ampliar el rango (a segundas o terceras), a lo sumo, competiremos en el 30% de las rondas.

Además, la posición, los stacks y otras cuestiones estratégicas influyen notablemente en la decisión de entrar o no en juego.

Con ello, sea cual fuere el análisis que se haga, el resultado es similar: participaremos en alrededor del 10 al 20% de las rondas. El resto del tiempo contemplaremos a los otros.

Jugaremos pocas rondas y miraremos muchas. Si esto nos impacienta, si queremos entrar en todas, estamos condenados.

En la antigua Grecia, Plutarco, que de poker no sabía mucho, enseñaba que: “La paciencia es el diamante de la personalidad, tiene más poder que la fuerza”

El mejor modo de tener buenos resultados es extraer ventaja de las manos buenas y minimizar las pérdidas al toparnos con las malas. Por eso, si no somos pacientes al seleccionar cuando jugar, nos iremos frecuentemente con menos dinero.

Ante una mala racha extendida, suele suceder que el deseo de participar aumente y nos tiente hacerlo con una mano mediocre, una con la que, normalmente, no entraríamos. La paciencia y la disciplina deberán contenernos, son las herramientas para abstenernos. Los errores por el apresuramiento se pagan caros.

Lo mismo sucede cuando se juega desde una mala posición. Si un corredor de autos no espera el momento adecuado para hacer un sobrepaso, las consecuencias pueden ser nefastas. En el poker también.

No obstante, también hay excepciones. Particularmente cuando se juegan torneos turbo o hiperturbos. En ellos el tiempo es perentorio y debe decidirse rápida y resueltamente. No hay mucho margen para dejar pasar oportunidades propicias a la espera de otras mejores que pueden no llegar mientras nos desangramos. Para estos casos, nunca más apropiado el saber popular: “cocodrilo que se duerme se convierte en cartera”.

Como corolario, podemos decir que la paciencia es una de las primeras virtudes que un buen jugador debe cultivar. No parece casual que uno de los significados del término sea el de “barajar y dar de nuevo”.

Este texto es un fragmento de “Mente, Psicología y Cuerpo”, de José Litvak. (www.pensarpoker.com)

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